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Mostrando entradas de mayo, 2014

No pertenezco a nada

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Al quedarme sola entro en una especie de arrobamiento. Me invade un estado de bienestar y armonía similar al que siento en mi paisaje interior. Me pasaría el día y la noche contemplando. Quisiera acercarme a las figuras y admirarlas una a una, pero algo tira de mí. Me dirijo al centro de la escena, al ojo del hombre-luna. Es sólo una presencia. Todo está en su sitio. El movimiento es estático. ¿Y el mensaje? Una felicidad ligera en busca del amor. Aparecen las primeras señales, como los toques de luz que anuncian el amanecer. No pertenezco a nada. Nada me condiciona porque el amor no se ha manifestado todavía ¿Estaré en el limbo? El amor es dolor. Si se trata de elegir, elijo el amor-dolor. Quiero aprovechar mi tiempo. Necesito compartir esta dicha que está creciendo en mí; deseo la fusión con otro ser; elijo el placer y la alegría del amor aunque no sean duraderos. Deseo experimentar intensamente, saberme viva.

¡Qué suerte ser como somos!

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Tú buscabas las claves de la libertad y te adentraste en un conocimiento secreto custodiado por todos los monstruos de lo contrario de la libertad (...) cuando se intenta desbrozar un camino propio, los peligros acechan pro todas las esquinas. Eso no quiere decir que no sea necesario hacerlo, lo contrario es la anulación de la personalidad, el sometimiento destructivo. (...) Pero ¡qué suerte querido mío ser como somos! El mundo es nuestro con toda su viveza y sus colores y su hondura. No necesitamos más que libertad para sentirnos buenos, optimistas y capaces. (...) somos de la raza que puede vivir sin nada, pero no puede someterse, que da todo, pero que no puede encajarse en la mediocridad estrechita y atildada. Tengo la impresión de que has estado muy cerca del fondo profundo. Sólo de ahí puede brotar la luz que has llevado a tus cuadros.


Fragmento de Música Blanca, (Ed. Austral) Cristina Cerezales Laforet