No pertenezco a nada

Al quedarme sola entro en una especie de arrobamiento. Me invade un estado de bienestar y armonía similar al que siento en mi paisaje interior. Me pasaría el día y la noche contemplando. Quisiera acercarme a las figuras y admirarlas una a una, pero algo tira de mí. Me dirijo al centro de la escena, al ojo del hombre-luna. Es sólo una presencia. Todo está en su sitio. El movimiento es estático. ¿Y el mensaje? Una felicidad ligera en busca del amor. Aparecen las primeras señales, como los toques de luz que anuncian el amanecer. No pertenezco a nada. Nada me condiciona porque el amor no se ha manifestado todavía ¿Estaré en el limbo? El amor es dolor. Si se trata de elegir, elijo el amor-dolor. Quiero aprovechar mi tiempo. Necesito compartir esta dicha que está creciendo en mí; deseo la fusión con otro ser; elijo el placer y la alegría del amor aunque no sean duraderos. Deseo experimentar intensamente, saberme viva.


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