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Mostrando entradas de agosto, 2014

En espera de la Gran Revolución, Lorca

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Palabras de Federico García Lorca en El Heraldo de Madrid, 1936.

Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. (...) El día en que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad. Nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará el día de la Gran Revolución"



Somos palabras

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Las palabras, como las literaturas, como la vida, son de naturaleza cambiante, puesto que, al fin y al cabo, somos nosotros quienes inventamos, refundimos o marginamos las palabras. Somos palabras, y con ellas nuestros cuerpos también adquieren entidad e identidad. Las palabras nos definen y nosotros definimos las palabras en feliz o inconsciente contienda a lo largo de los siglos, esa historia que es la suma de infinitos presentes.
Cuerpos desordenados, Rafael M. Mérida Jiménez




Musas no, artistas

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Comentaba con un amigo hace unos meses el nombre con el que yo había decidido bautizar mi blog: Causas Olvidadas. Me decía él, lleno de buenas intenciones -es lo que tienen los amigos- que le resultaba algo pesimista, a la vez que me animaba a cambiarlo. En su origen, le explicaba yo, lo llamé Causas Perdidas y el cambio respondió a un intento por no ver los temas de los que me ocupo como asuntos de imposible solución. Contra la falta de memoria se puede luchar; sin embargo, lo que se pierde no siempre se recupera.
Y es esta conversación, precisamente, la que he recordado durante la lectura de Mujeres de la posguerra: de Carmen Laforet a Rosa Chacel, historia de una generación, de Inmaculada de la Fuente.


Para leer la reseña completa de Mujeres de posguerra, de Carmen Laforet a Carmen Chacel, historia de una generación,  pincha aquí: Viaje a Ítaca.

Memoria de la melancolía

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"Llegaba decidida a todo, a abrazar las esquinas, a besar el asfalto, a encontrar hermosas las miradas, las sonrisas, los pasos, los maniquíes de las tiendas, las puertas rotas, los remiendos de las fachadas caducas y vencidas, olfateadas de perros, frotadas de gatos y ausentes de palomas. Había decidido dentro de sí la urgencia de agarrarse con las dos manos a todo lo que había huido desde tiempo remoto, pues todo para ella había consistido en llegar, cambiar, echar a andar, encariñarse e irse."



Con  este párrafo maravilloso empieza la obra de María Teresa León, Memoria de la melancolía. Una personalidad arrolladora y bella que se hace imprescindible para entender el sufrimiento de los creadores condenados al exilio en la posguerra española. Allá donde fue convirtió su hogar en lugar de acogida de artistas que vivieron su misma suerte. Le dolía el desgarro que sufría su país y la distancia con la que estaba condenada a vivirlo. Cuando tuvo ocasión de volver, la enfermedad…