Gratitud



Cuando vivimos alguna situación delicada en relación con nuestra salud, algo nos queda marcado por dentro. Algo que se encenderá cuando creas que ya todo pasó.

Una vez superada la experiencia, nos convertimos en cajas de resonancia donde reverberan los ecos de otros que se disponen a transitar su propio camino. Somos como una campana gigante en cuyas paredes queda el tañido de una forma constante y silenciosa. Y nos resulta inevitable sentir un dolor pequeño, interno y callado. Callado porque ya nuestro periplo pasó, terminó nuestra particular odisea y parece que entonces preferimos el silencio. Interno y pequeño porque ya no es nuestra vivencia, es la de otros y son los otros los que deben tener todo el protagonismo y la atención para andar por esas sendas que nosotros ya recorrimos, y que cada uno hace suyas, personales y vírgenes, porque no hay dos historias iguales. Pero doloroso porque vivimos las dos experiencias, la del otro y la nuestra, una vez más. Una y mil veces más, porque es lo que tiene la supervivencia: una memoria atroz.

Cuando se recibe una noticia negativa sobre nuestra salud, después de  sufrir el asombro y la perplejidad, el cuerpo y la cabeza se concentran de tal manera en el nuevo camino que tenemos por delante que no cabe nada más. No te paras a pensar si tienes que ser o no valiente, no trazas un plan para llevar los próximos meses, no. Simplemente, lo haces. La vida prevalece y la única misión que tiene tu cuerpo, físico y mental, es superar cada día sin pensar en mañana.


Fotografía de Aridane Llarena


Solo tiempo después de haber recorrido esos caminos de médicos y tratamientos, cuando ya los efectos se vayan borrando de tu piel, cuando tu cuerpo vaya retomando muy lentamente su normalidad, empezarás a vislumbrar, de lejos, muy de lejos, todo lo que ocurrió.

Quizá derrames por otros las lágrimas que no derramaste por ti, porque tienes muy presente lo empinado que es la travesía que les espera. Y cuando se trata de niños, la sensación de impotencia, de profundo dolor, de injusticia, te derrotará como no lo había hecho hasta ese momento. Y entonces, te darás cuenta de la fuerza que tuviste y la que tuvieron los que decidieron quedarse a tu lado, cerca, muy cerca. Y sentirás, como no habrás sentido nunca, la gratitud hacia ellos y el orgullo hacia esa parte de ti, que decidió hacer el trabajo sin pedir permiso ni hacer preguntas.

Comentarios

  1. Me conmueve el tono sobrio, agridulce de la exposición, la pragmática actitud ante la terapia, la compasión por el dolor ajeno antes que por el propio.

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  2. Gracias, Carlos. Me alegra que te haya gustado.

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  3. Un texto de gratitud, y también de ánimo. Mil besos.

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    1. Gracias. Sí, de fuerza para todos, p'alante.

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