Teresa vive en el ático (Relato)



Teresa vive lejos, muy lejos

Teresa cree protegerse no sintiendo. Juega con su novio a que le toque un dedo del pie e intentar averiguar cuál es. No lo consigue, vive en su cabeza. Ella lo sabe, se sabe inquilina exclusivamente de ese espacio superior de su cuerpo y piensa, porque Teresa piensa, no siente. Si sintiera que no siente, habría salvación pero sólo piensa, reflexiona, racionaliza, argumenta, estudia y así no es capaz de quererse ¿Cómo vas a amarte con la razón? Teresa no se ama, no se quiere y su cuerpo es un espacio de desazón y angustia. Por eso vive en el ático.

Pero Teresa no está sola, vive en el mundo y la ven. Hay alguien que la ve, que la siente, que la desea y eso la obliga a salir de casa, pero coge el ascensor, una salida rápida y vuelve a su torre de marfil de las alturas corporales. Lástima que ese dichoso ascensor no tenga un botón que la lleve a los infiernos más profundos, carnales, ardientes, llenos de experiencias vitales que la descoloquen y la turben. Una borrachera de viaje infernal le vendría genial, una buena resaca de pérdida de control la pondría, para su sorpresa, en su sitio.



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