Volver y revolver(-se)


La satisfacción de haber terminado un proyecto


Seguro que hay mil cosas que nos encantaría cambiar de nuestra personalidad, lo del físico mejor lo dejamos o esta entrada se convertirá en algo que no tenía la intención de ser, como suele pasarme, por otra parte. A mí me encantaría ser más inteligente y más resuelta, por ejemplo. Pero como no lo soy… me rodeo de gente que ya lo tiene incorporado de fábrica, a ver si se me pega algo. 

En una conversación con una amiga, una de esas personas que me ayudan a ser un poco menos ignorante, aunque sea a base de maravillarme con su lucidez y su coherencia absoluta -reconozco que esto puede dar como resultado el efecto contrariado al deseado: acomplejarse sin remedio, pero no se puede ser consciente de las limitaciones y no hacer nada para remediarlo-,  me quejaba de como a medida que publicaba en mi blog, me iba acostumbrando a un tamaño determinado de texto del que cada vez me costaba más zafarme.  Además del tiempo que me quitaba para otros proyectos literarios. Déjalo, me dijo muy resuelta. A eso me refiero, lo que yo he tardado un párrafo farragoso en intentar explicar, que no pasaría ni las primeras de las revisiones de una escritora seria y responsable; ella lo zanjó con una palabra: déjalo.  
El valor de las amigas es incalculable.


Y ya habrán deducido si miran las fechas de mis últimos post, que le hice caso. Eso sí, soy limitada pero muy obediente. La verdad es que no lo tenía planeado, pero ha salido así y ahora me entretengo explicándolo y de paso me saco una entradita para re-re-reinaugurar este espacio. 

Revolviendo, reordenando llego a Causas Olvidadas después de un tiempo, un tiempo lleno de otras cosas, otros proyectos, otras lecturas. Dejé de publicar en este blog en febrero porque estaba sumergida de lleno en mi próximo libro. Ahora, seis meses después, con ese libro terminado, con la sensación de que el año se acaba -no puedo superar la certeza infantil de que la vida empieza en septiembre- y con el desánimo de volver al curro en unos días, miro atrás y me sorprendo de cómo se ha ido sucediendo todo. 

Funcionó lo de dejar de publicar en el blog. Ya no tenía el límite virtual -como si fuesen hojas de un cuaderno que se acaban- de textos más bien cortos, que no aburriesen si es que alguien llegaba aquí. 



 Y ahora desde la distancia, agradezco haber empezado con este lugar alojado en ninguna parte, hace ya unos años. Agradezco que me ayudase a ordenar textos, a darlos por terminados, a entender que el mismo trabajo publicado en la red no siempre vale para pasarlo al papel, a obligarme a sacar de mi cabeza los pensamientos, las ideas, las dudas, las batallas, las tonterías para que fuesen comprensibles para lxs demás. Y agradezco a mi amiga, gracias Laura, por la sencillez y el absoluto acierto de sus palabras… o palabra, con una bastó. El blog debe ser siempre una ayuda, un apoyo, no una esclavitud. “Tu identidad como escritora te la da el escribir” reza en una cartulina pegada bajo la pantalla de mi ordenador, sentencia que demuestra, una vez más, lo bien que escojo a mis amistades. Y lo bien amueblada que tienen sus cabezas. 


Para eso y para mucho más, me ha servido hasta ahora Causas Olvidadas, nacido como Causas Perdidas -con la edad me he vuelto menos dramática-. Por eso seguiré con él, sin fechas, sin compromisos temporales incumplibles, sin ningún afán de difusión y con nuevas ideas, cuando lleguen, si llegan; como lugar de archivo donde no se me pierden los papeles, como el sitio donde algunos textos nacieron para luego ser transformados lejos de aquí, en el papel; como reto pero también como relax, como juego y experimento. Como presentación, salida del armario, expresión de mis reivindicaciones, mis comeduras de cabeza, mis alegrías, mis penas, mis verdades y mis mentiras; como parte del juego de las identidades, de las interpretaciones, como búsqueda de la verdad y de respuestas, como preguntas sin resolver, como misterio, como banalidad sin importancia. 

Disfruto con la satisfacción de comprobar que está vivo y que siempre puede cambiar y transformarse, como lo hacemos cada une de nosotres. Ahí lo dejo.


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