Al quedarme sola entro en una especie de arrobamiento. Me invade un estado de bienestar y armonía similar al que siento en mi paisaje interior. Me pasaría el día y la noche contemplando. Quisiera acercarme a las figuras y admirarlas una a una, pero algo tira de mí. Me dirijo al centro de la escena, al ojo del hombre-luna. Es sólo una presencia. Todo está en su sitio. El movimiento es estático. ¿Y el mensaje? Una felicidad ligera en busca del amor. Aparecen las primeras señales, como los toques de luz que anuncian el amanecer. No pertenezco a nada. Nada me condiciona porque el amor no se ha manifestado todavía ¿Estaré en el limbo? El amor es dolor. Si se trata de elegir, elijo el amor-dolor. Quiero aprovechar mi tiempo. Necesito compartir esta dicha que está creciendo en mí; deseo la fusión con otro ser; elijo el placer y la alegría del amor aunque no sean duraderos. Deseo experimentar intensamente, saberme viva.
Me ha asustado darme cuenta de que ya no me despierto por las mañanas preguntándome si esto que está ocurriendo es cierto o es parte de mis pesadillas nocturnas. Cuando todo empezó, me envolví en el silencio. Las personas que me conocen saben que, tratándose de mí, es una auténtica rareza pero, lo que no consiga una pandemia mundial… En realidad, llevo “encerrada” en mi silencio desde entonces -de ahí mi última entrada en el blog: Shshshshshshshshs, silencio - y hasta ahora, y este “ahora” no sé cuándo será. Ante el temor de terminar hablando únicamente con esa voz que da vueltas en mi interior… me siento a escribir, un ejercicio de cordura, si me permiten tomarme la libertad. Quienes escribimos, pensamos escribiendo y nos manifestamos escribiendo, guardar silencio es… mantener la página en blanco. Hace un par de días que pienso en recuperar mi voz, lo que, ineludiblemente, en la sociedad que tenemos significa … volver a las redes, volver a public...

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