Me ha asustado darme cuenta de que ya no me despierto por las mañanas preguntándome si esto que está ocurriendo es cierto o es parte de mis pesadillas nocturnas. Cuando todo empezó, me envolví en el silencio. Las personas que me conocen saben que, tratándose de mí, es una auténtica rareza pero, lo que no consiga una pandemia mundial… En realidad, llevo “encerrada” en mi silencio desde entonces -de ahí mi última entrada en el blog: Shshshshshshshshs, silencio - y hasta ahora, y este “ahora” no sé cuándo será. Ante el temor de terminar hablando únicamente con esa voz que da vueltas en mi interior… me siento a escribir, un ejercicio de cordura, si me permiten tomarme la libertad. Quienes escribimos, pensamos escribiendo y nos manifestamos escribiendo, guardar silencio es… mantener la página en blanco. Hace un par de días que pienso en recuperar mi voz, lo que, ineludiblemente, en la sociedad que tenemos significa … volver a las redes, volver a public...
...todo lo que desde allí miraba y no veía. (Cruz Mañas P.)

¡Ja!, teniendo en cuenta tus últimos viajes, esto no te resulta tan optimista. Tal vez deberías llamarlos de otra manera para no empañar palabra tan esperanzadora. Yo, como sedentario irredento, pienso en las flores, ¿quién me las cuidará para que las encuentre lozanas cuando regrese?
ResponderEliminarJajaja, pues no, yo lo miro desde otro lado: si ningún viaje es definitivo... pues eso, todo pasa. El viaje siempre enseña, algunos son a destinos nada gratos o, simplemente, el trayecto no se hace agradable. La cuestión es el aprendizaje, el gusto del camino o la esperanza de saber que todo se acaba. Los viajes desagradables también llegan a su fin. Yo te cuidaré las flores.
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