Hay días en los que al levantarte de la cama, sientes que pones tus pies sobre gelatina. Todo es inestable, inseguro, difuso. La realidad se vuelve viscosa, de líneas poco firmes y tú, que aún eres de verdad, te peleas en un mundo de realidades intangibles. Quizá se sintiese así Sancho cuando acompañaba a don Quijote en algunas de sus aventuras, pero yo no tengo caballero loco que me convenza del ataque de los gigantes. Hoy estaría bien dejar la cordura a un lado pero me atrapa y miro mis brazos y no son de verdad y miro mi rostro en el espejo y no es de verdad. No estoy en mi cuerpo pero soy de verdad. Todo lo demás es mentira. A pesar de sentirme como un pez que se pelea por vivir con normalidad fuera de su tanque de agua, elijo seguir. Me dirijo a mi ducha de mentira, me enjabono este cuerpo ajeno con lentitud, intentando encontrarme en los pliegues, las curvas, los huecos pero no, no estoy. Trato con mimo este espacio en el qu...
...todo lo que desde allí miraba y no veía. (Cruz Mañas P.)

¡Ja!, teniendo en cuenta tus últimos viajes, esto no te resulta tan optimista. Tal vez deberías llamarlos de otra manera para no empañar palabra tan esperanzadora. Yo, como sedentario irredento, pienso en las flores, ¿quién me las cuidará para que las encuentre lozanas cuando regrese?
ResponderEliminarJajaja, pues no, yo lo miro desde otro lado: si ningún viaje es definitivo... pues eso, todo pasa. El viaje siempre enseña, algunos son a destinos nada gratos o, simplemente, el trayecto no se hace agradable. La cuestión es el aprendizaje, el gusto del camino o la esperanza de saber que todo se acaba. Los viajes desagradables también llegan a su fin. Yo te cuidaré las flores.
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